Lejos de casa
Las fiestas patrias pueden despertar una tristeza especial en quienes viven fuera. Extrañar no es un problema: es una forma de amor que también necesita cuidado.
Claudia G. Seegrove
Tu Terapia
Para quienes viven fuera de México, septiembre suele traer una emoción difícil de explicar. Las fotos del Grito, el olor imaginado del pozole, las videollamadas con la familia reunida. Todo recuerda que hay algo lejos que se quiere mucho.
Esa sensación tiene nombre: nostalgia. Es la mezcla de cariño y tristeza que aparece al recordar un lugar, una etapa o unas personas que ya no tenemos cerca. No es una señal de que algo esté mal contigo; es la huella de un vínculo importante.
Quien migra vive, en cierto sentido, un duelo. No porque alguien haya muerto, sino porque se deja atrás una forma de vida: el idioma de todos los días, las costumbres, la cercanía con la familia, los lugares conocidos. Ese duelo convive con lo que se gana, y por eso a veces confunde.
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Es común sentir culpa por estar lejos, sobre todo si hay padres mayores o familiares enfermos. También aparece la sensación de no pertenecer del todo a ningún lado: ni al lugar nuevo, ni al que dejaste, que siguió cambiando sin ti.
Las fechas significativas intensifican todo esto. Cumpleaños, fiestas patrias, Día de Muertos o Navidad son momentos en que la distancia se siente más. Saberlo de antemano ayuda a prepararse en lugar de ser tomado por sorpresa.
Una forma de cuidarte es crear tus propios rituales. Cocinar un platillo de tu tierra, poner la música que escuchabas en casa, decorar con algo tricolor o reunirte con otras personas mexicanas de tu ciudad. No se trata de reproducir exactamente lo que había, sino de mantener viva la conexión.
La tecnología también ayuda, con matices. Una videollamada durante la cena familiar puede ser muy reconfortante. Pero si al colgar te sientes peor, quizá convenga buscar otros formatos: llamadas más cortas, mensajes de voz o compartir algo en lugar de solo mirar.
Construir comunidad donde estás es igual de importante. Los vínculos nuevos no reemplazan a los de antes, pero sostienen el día a día. Tener a alguien cerca con quien compartir una comida o una conversación cambia mucho la experiencia de vivir fuera.
Permítete sentir la tristeza sin juzgarla. Frases como «debería estar agradecido por estar aquí» suelen aumentar la culpa. Puedes estar agradecido y extrañar al mismo tiempo; las dos cosas son verdad.
Conviene estar atento a algunas señales: si la tristeza es constante, si te aíslas, si dejas de disfrutar lo que antes te gustaba o si el sueño y el apetito cambian durante semanas. En ese caso, la nostalgia puede estar convirtiéndose en algo que necesita atención profesional.
La terapia en línea tiene una ventaja especial para quienes viven fuera: te permite hablar en tu idioma, con alguien que entiende tu cultura, sin importar en qué país estés.
En Tu Terapia puedes tomar tus sesiones desde cualquier lugar. Extrañar a México es parte de quererlo; no tienes que cargar solo con esa emoción.
Frase del día
“Extrañar es la prueba de que algo te importó. Llévalo contigo con ternura.
— Claudia G. Seegrove
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